Rusia llevó adelante una de las ofensivas más masivas desde el comienzo de la guerra al lanzar más de 800 drones contra distintas regiones de Ucrania, en un ataque que dejó al menos seis muertos y decenas de heridos.
La ofensiva alcanzó alrededor de 20 regiones ucranianas y tuvo como principales objetivos zonas estratégicas del oeste del país, además de infraestructuras críticas y áreas residenciales. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó la magnitud del ataque y advirtió que se trató de uno de los bombardeos más intensos registrados desde la invasión rusa iniciada en 2022.
Según autoridades ucranianas, entre las zonas afectadas estuvieron Kiev, Leópolis, Odesa y regiones cercanas a la frontera con países de la OTAN. Las fuerzas rusas utilizaron drones de largo alcance en múltiples oleadas para intentar saturar las defensas aéreas ucranianas.
El ataque se produjo poco después del final de una tregua temporal y en medio de nuevas tensiones internacionales por la continuidad de la guerra. Además de los daños materiales, la ofensiva provocó interrupciones en servicios energéticos, infraestructura ferroviaria y edificios civiles.
Desde Ucrania denunciaron que la ofensiva rusa buscó generar presión sobre regiones próximas a países aliados occidentales. Incluso, algunos drones impactaron cerca de zonas fronterizas sensibles, lo que encendió alarmas en países vecinos y obligó a reforzar medidas de seguridad en el este europeo.
Mientras tanto, el Kremlin mantiene su ofensiva militar pese a las recientes versiones sobre posibles negociaciones de paz impulsadas por Estados Unidos. Sin embargo, hasta el momento no hubo señales concretas de un alto el fuego duradero entre Moscú y Kiev.







