Robots, drones, radares y sistemas de inteligencia artificial forman parte del despliegue internacional para localizar sobrevivientes y acelerar las operaciones en las zonas más afectadas.
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio impulsaron un amplio operativo internacional de búsqueda y rescate, en el que la tecnología de última generación cumple un papel central para localizar sobrevivientes y reducir los riesgos para los equipos que trabajan entre los escombros.
Más de 4.500 especialistas en rescate urbano participan de las tareas coordinadas por el sistema INSARAG de las Naciones Unidas. El despliegue reúne a equipos de distintos países que aportan capacidades específicas, entre ellas drones para mapeo térmico y estructural, radares de penetración, sistemas de apuntalamiento, exoesqueletos y dispositivos de escucha asistidos por inteligencia artificial.
Entre las herramientas utilizadas se destacan las serpientes robóticas capaces de desplazarse por espacios reducidos con cámaras, micrófonos y sensores de dióxido de carbono; drones con tecnología LiDAR y cámaras térmicas para elaborar modelos tridimensionales de las estructuras colapsadas; y radares de banda ultraancha junto con geófonos inteligentes, que permiten detectar movimientos o sonidos imperceptibles bajo toneladas de escombros.
Los rescatistas también emplean sistemas de soporte vital miniaturizados que suministran aire, líquidos y otros elementos esenciales a personas atrapadas mientras avanzan las tareas de extracción, un proceso que puede extenderse durante varias horas o incluso días.
De acuerdo con las cifras oficiales, hasta el domingo habían sido rescatadas con vida 6.462 personas. Según datos difundidos por el comando operativo, una parte significativa de esos salvamentos fue posible gracias a la combinación de robótica, sensores inteligentes y nuevas tecnologías aplicadas a las operaciones de búsqueda.







