La muerte de un transportista varado durante semanas en una ruta elevó el número de víctimas asociadas a las protestas. Autoridades sanitarias y organizaciones advierten sobre el impacto de los cortes en el acceso a medicamentos y atención médica.

La muerte de un chofer en la ciudad de El Alto elevó a seis la cantidad de personas fallecidas en circunstancias relacionadas con los bloqueos que afectan al occidente de Bolivia desde hace 33 días. El hombre había permanecido varado durante semanas tras viajar a Perú para transportar mercadería.

Según relató su familia, el transportista quedó atrapado por el cierre de carreteras y permaneció durante más de un mes expuesto a bajas temperaturas, con dificultades para acceder a alimentos y atención médica. Su estado de salud se deterioró progresivamente y falleció poco después de ser auxiliado por sus familiares.

Las autoridades sanitarias informaron que entre las víctimas también se encuentran una mujer que sufrió una descompensación mientras regresaba desde Perú, una paciente con insuficiencia renal crónica, un joven que no logró recibir asistencia médica a tiempo, un niño que era trasladado a un hospital y una paciente oncológica que murió durante un viaje para recibir tratamiento.

La prolongación de los bloqueos también generó preocupación en distintos sectores por las dificultades para abastecer de medicamentos, oxígeno medicinal e insumos esenciales a hospitales y centros de salud. Representantes de la industria farmacéutica advirtieron que la situación pone en riesgo la atención de miles de pacientes que dependen de tratamientos continuos.

Ante este escenario, el Defensor del Pueblo de Bolivia pidió a los sectores movilizados flexibilizar las medidas de protesta para permitir el paso de personas que requieren asistencia médica, además de alimentos e insumos sanitarios. También reclamó garantizar la circulación de grupos vulnerables, como adultos mayores y personas con discapacidad.

Las autoridades y organizaciones vinculadas al sistema de salud coinciden en que la prolongación del conflicto agrava las consecuencias humanitarias y aumenta los riesgos para la población, especialmente para quienes permanecen aislados en rutas o dependen de servicios médicos que enfrentan crecientes dificultades operativas.