El sondeo expone un malestar creciente con la gestión provincial, en un contexto marcado por reclamos sociales vinculados a la vida cotidiana, la falta de respuestas en materia de seguridad y un clima de desgaste que comienza a reflejarse en la opinión pública mendocina.

Entre los principales factores que explican este escenario aparece el impacto de los problemas cotidianos en la vida de la población. La inflación, el costo de los servicios, las dificultades para sostener el empleo y la percepción de un Estado distante de las demandas concretas configuran un contexto de malestar que se traduce en una evaluación más crítica de la gestión provincial.

La inseguridad es otro de los ejes que incide con fuerza en la opinión pública. La reiteración de hechos delictivos, la falta de resultados visibles y la sensación de ausencia de respuestas eficaces alimentan una percepción de vulnerabilidad que golpea directamente en la imagen del Gobierno. Para muchos ciudadanos, las políticas implementadas no logran ofrecer soluciones sostenidas ni tranquilidad en los barrios.

El desgaste también se vincula con una creciente distancia entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de los mendocinos. Las expectativas generadas al inicio del mandato contrastan con un presente marcado por reclamos persistentes y una sensación de estancamiento en áreas sensibles, lo que profundiza la desconfianza hacia la conducción provincial.

En este contexto, los analistas advierten que la evolución de la imagen del gobernador se convierte en una señal de alerta política. La consolidación de una mirada crítica en la opinión pública obliga al Ejecutivo provincial a revisar prioridades, redefinir estrategias y ofrecer respuestas concretas si busca revertir un clima social que, según el sondeo, muestra signos claros de desgaste y pérdida de respaldo ciudadano.