Cada vez más personas se encuentran en una posición desafiante: cuidar a sus hijos mientras también atienden a sus padres mayores. A esta franja se la conoce como la “generación sándwich”, atrapada entre dos responsabilidades que pueden ser emocional y económicamente desgastantes.

En Argentina, el envejecimiento de la población y el retraso en la edad para tener hijos hacen que muchas personas entre 35 y 55 años estén a cargo de ambas generaciones. Es una realidad silenciosa, pero cada vez más común.

Además del tiempo, el peso emocional es grande. “Me siento culpable todo el tiempo, como si nunca hiciera lo suficiente ni para mis padres ni para mis hijos”, cuenta Claudia, 44 años, docente y madre de dos adolescentes.

Según estudios de salud mental, este grupo es más propenso al agotamiento crónico, ansiedad y problemas laborales. Muchas veces, además, son mujeres quienes asumen el rol principal de cuidado, lo que agrava las brechas de género.

A pesar del desgaste, también surgen lazos fuertes, aprendizajes y momentos de profunda conexión familiar. Algunas personas incluso descubren nuevas vocaciones vinculadas al acompañamiento o la salud.

La generación sándwich pide más visibilidad, redes de apoyo y políticas públicas que acompañen este doble rol tan exigente como invisibilizado.