Entre 4 y 8 de cada 10 pacientes con cáncer presentan algún grado de malnutrición durante el tratamiento, lo que impacta en la tolerancia a las terapias, la calidad de vida y la sobrevida.

El estado nutricional es un factor determinante para el tratamiento del cáncer, pero suele pasar desapercibido. La mitad de los pacientes llega a la primera consulta oncológica con deficiencias detectables, y aproximadamente uno de cada cinco presenta malnutrición severa, asociada a mayor riesgo de complicaciones, menor tolerancia a los tratamientos y reducción de la sobrevida global.

Muchos pacientes disminuyen su ingesta de alimentos debido a los efectos secundarios de la quimioterapia y otras terapias, que incluyen náuseas, vómitos, diarrea, alteraciones del gusto y del olfato, úlceras en la boca y sensación de saciedad precoz. Esto puede derivar en pérdida de peso, disminución de masa muscular y desarrollo de un síndrome de fragilidad, afectando la movilidad y la autonomía del paciente.

Especialistas como la Lic. Agustina Senese y el Dr. Martín Ángel subrayan que la malnutrición influye directamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento, además de repercutir en la salud mental, aumentando ansiedad y depresión.

La inclusión de la nutrición como parte integral del abordaje oncológico permite evaluar riesgos desde el diagnóstico y acompañar al paciente durante todo el tratamiento. Cuando la alimentación habitual no cubre los requerimientos, se recomiendan suplementos nutricionales específicos, ricos en energía, proteínas, vitaminas y minerales, para preservar la masa muscular y la fuerza.

La evidencia muestra que un abordaje nutricional temprano y multidisciplinario mejora los resultados clínicos, reduce complicaciones y eleva la calidad de vida. “Tratar el cáncer implica acompañar a la persona en todas sus dimensiones, y la nutrición ocupa un lugar central en ese cuidado”, concluyeron los especialistas.