La provincia quedó tercera a nivel nacional por el crecimiento de los delitos, con una suba del 40% en el último año. El impacto se siente con más fuerza en las zonas urbanas y se refleja en reclamos constantes de vecinos y comerciantes, que advierten falta de respuestas ante situaciones de emergencia: “Llamás a la Policía y no viene nadie”.

Durante el último año, Mendoza se consolidó como una de las provincias con mayor crecimiento del delito en el país, al registrar una suba cercana al 40% en los hechos delictivos y ubicarse tercera a nivel nacional en este indicador. El fenómeno se manifiesta con mayor intensidad en las zonas urbanas del Gran Mendoza, donde la inseguridad se convirtió en una de las principales preocupaciones de la población y atraviesa la vida cotidiana de vecinos, comerciantes y trabajadores.

Las estadísticas muestran que los delitos contra la propiedad, en especial robos y hurtos, concentran la mayor parte de los casos denunciados. A lo largo del último año se contabilizaron miles de hechos de este tipo, con un incremento sostenido respecto del período anterior. A esta situación se suman otros delitos en alza, como las estafas y defraudaciones, que crecieron de manera significativa y reflejan nuevas modalidades delictivas asociadas al uso de tecnologías y transacciones digitales.

Más allá de los números oficiales, la problemática se siente con fuerza en los barrios. Comerciantes advierten que deben reforzar medidas de seguridad ante la repetición de robos, mientras que vecinos denuncian una escasa presencia policial y tiempos de respuesta que consideran insuficientes. “Llamás a la Policía y no viene nadie”, es una frase que se repite en distintos puntos de la provincia y resume el malestar social frente a situaciones de emergencia que no encuentran una solución inmediata.

La percepción de inseguridad también se profundizó en el último tiempo. Encuestas y relevamientos indican que una amplia mayoría de los mendocinos considera que el delito aumentó y que las políticas actuales no logran contener el problema. Esta sensación se ve reforzada por la reiteración de hechos violentos y por la falta de esclarecimiento rápido de muchos casos, lo que alimenta la desconfianza en el sistema de seguridad.