La organización, surgida en Estados Unidos y señalada por el FBI por manipular y extorsionar a menores, fue mencionada en mensajes intimidatorios enviados a la UCA y la UNTreF.

El número “764” apareció recientemente en amenazas dirigidas a la Universidad Católica Argentina y a la Universidad Nacional de Tres de Febrero, lo que activó la intervención de áreas antiterroristas locales y abrió una línea de intercambio con el FBI. El autor de los mensajes se presentó como integrante de la red, aunque los investigadores creen que buscaba ganar notoriedad para intentar vincularse al grupo.

De acuerdo con un informe, “764” es una organización neonazi y satánica fundada en 2020 por un adolescente estadounidense, Bradley Cadenhead. El FBI la describe como un colectivo de “depredadores cibernéticos” que actúa en plataformas como Discord, Telegram y Roblox para captar adolescentes y manipularlos emocionalmente.

Las autoridades de Estados Unidos y el Reino Unido advierten que sus miembros establecen lazos con jóvenes vulnerables para luego forzarlos a realizar actos sexuales, autolesionarse o incluso intentar suicidarse frente a cámaras. La red también promueve ideologías extremistas y glorifica ataques como la masacre de Columbine, con el objetivo de insensibilizar a las víctimas frente a la violencia.

En el Reino Unido, las investigaciones derivaron en detenciones de al menos cuatro adolescentes vinculados al grupo. Entre ellos, Cameron Finnigan, de 18 años, condenado a seis años de prisión por intentar inducir a menores a hacerse daño. En su habitación, la policía halló símbolos neonazis y referencias satánicas.

El FBI calificó estas prácticas como “de las más inquietantes” que enfrentan en el ámbito digital. Uno de los casos más extremos es el de una madre británica que relató cómo su hija de 14 años quedó bajo el control del grupo, con un deterioro emocional y físico que describió como más traumático que acompañar a un familiar con cáncer terminal.

Por ahora, no hay evidencia de que “764” opere en la Argentina, pero las amenazas recientes encendieron las alertas. Para los investigadores, se trata de un recordatorio del riesgo que representan estas redes cuando logran influir en adolescentes desde espacios virtuales difíciles de rastrear.