El candidato a diputado nacional por Provincias Unidas cuestionó la reimpresión de boletas en Buenos Aires, medida que demandará 14.000 millones de pesos. Señaló que el país necesita responsabilidad y eficiencia en el uso de los recursos públicos, no despilfarro político mientras millones de argentinos esperan respuestas en salud, educación y trabajo.

El candidato a diputado nacional por Provincias Unidas, Florencio Randazzo, cuestionó con dureza la decisión del Gobierno de Buenos Aires de reimprimir boletas electorales, una medida que tendrá un costo estimado de 14.000 millones de pesos. Consideró que este tipo de decisiones explican en gran parte la desconfianza de la sociedad hacia la política, por la distancia entre las prioridades de los dirigentes y las necesidades reales de la gente.

Randazzo advirtió que el país atraviesa un momento en el que cada recurso público debe destinarse a resolver problemas estructurales y no a gastos administrativos injustificables. En ese sentido, sostuvo que mientras el Estado derrocha millones en cuestiones internas, millones de argentinos siguen esperando soluciones concretas en materia de salud, educación y empleo.

El dirigente señaló que esta situación refleja la ausencia de gestión y planificación tanto del gobierno nacional como de las administraciones provinciales, que priorizan decisiones políticas por sobre la eficiencia en el uso del dinero público. “El problema no es la falta de recursos, sino cómo se gastan”, repite Randazzo, en línea con su mensaje de campaña centrado en la gestión, la transparencia y la responsabilidad.

Desde Provincias Unidas, el candidato promueve una agenda legislativa enfocada en ordenar el Estado, reducir el gasto improductivo y garantizar que cada peso de los argentinos se invierta en áreas que generen desarrollo y bienestar.

Con esta crítica, Randazzo consolida su perfil de gestor experimentado y busca diferenciarse tanto del kirchnerismo —al que acusa de corrupción e improvisación— como del gobierno de Javier Milei, que, según afirma, “aplica el ajuste sin rumbo, sin gestión y sin empatía social”.