Pilar Gamboa revela cómo sus comienzos en la actuación estuvieron atravesados por la incertidumbre familiar: mientras ella apostaba al arte, su madre dudaba de si ese sueño le permitiría sustentarse. Hoy brilla en series y teatro, pero conserva ese vínculo entre el humor, la culpa y la supervivencia cotidiana.
Pilar Gamboa creció en una familia que valoraba la cultura, pero que no imaginaba que el arte pudiera convertirse en una salida laboral estable. Entre trabajos ocasionales y la búsqueda de oportunidades, su elección de dedicarse a la actuación generó angustia en su entorno. “Mi mamá estaba preocupada porque no sabía de qué iba a vivir”, cuenta, haciendo memoria de esos años donde la pasión convivía con la incertidumbre.
Con 45 años, Gamboa protagoniza series, películas y obras teatrales, y se consolidó como una referente de la escena artística. Sin embargo, reconoce que el reconocimiento no borró las tensiones internas: la culpa, el cansancio y el esfuerzo constante siguen presentes. Para ella, el humor fue una herramienta para atravesar lo cotidiano sin perder la sensibilidad ni el compromiso con su trabajo.
La maternidad, asegura, le dio otra dimensión a su vida, pero también sumó nuevos desafíos. Entre funciones, rodajes y crianza, aprendió a hacer equilibrio y a perdonarse. Lejos de romantizar el esfuerzo, habla con honestidad sobre los sacrificios que implica sostener una vocación. Y, aun así, no imagina su vida sin actuar.






