Los especialistas advierten que incluso una lata diaria de refresco puede alterar la salud bucal, digestiva y metabólica. El exceso de azúcar y la acidez dañan los dientes, elevan el riesgo de diabetes y afectan la microbiota intestinal, mientras que las versiones “light” tampoco resultan inocuas.

El consumo cotidiano de gaseosas se asocia con sobrepeso, obesidad, daño renal y enfermedades hepáticas. Un solo envase de 355 ml aporta 37 gramos de azúcar añadido, más que la recomendación diaria, lo que dispara la glucosa en sangre y obliga al organismo a liberar insulina en exceso.

En la boca, el ácido y el azúcar generan caries, erosión dental y problemas en las encías. Según expertos, el refresco también reduce la producción de saliva, lo que facilita la acción de bacterias dañinas y agrava la inflamación gingival.

A nivel digestivo, quienes sufren gastritis, reflujo o úlceras pueden ver empeorados sus síntomas por el ácido carbónico. Incluso las gaseosas “light” alteran la microbiota intestinal y se relacionan con un mayor riesgo de síndrome metabólico y diabetes tipo 2.

Además, su ingesta frecuente eleva triglicéridos y reduce el colesterol HDL, favoreciendo la aparición de hígado graso y complicaciones cardiovasculares. Los expertos recomiendan limitar al máximo estas bebidas y optar por alternativas como agua, infusiones sin azúcar o aguas saborizadas naturales