Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico, generalmente menores a 5 milímetros, que están presentes en el aire, el agua y los alimentos. Su origen está en productos de uso diario como cosméticos, ropa sintética y envases.
Estos fragmentos no se degradan fácilmente y pueden acumularse en el medio ambiente durante décadas. Se han encontrado microplásticos en los océanos, en la cima del Everest e incluso en la placenta humana, lo que evidencia su alcance global.
Cuando los animales marinos los ingieren, los microplásticos pueden causar bloqueos intestinales, intoxicación y muerte. Estos contaminantes también ingresan a la cadena alimentaria humana, aunque aún se estudian sus efectos exactos en la salud.
Uno de los grandes problemas es que muchos microplásticos son invisibles a simple vista, lo que dificulta su control y eliminación. Además, los filtros actuales de agua y aire no siempre logran capturarlos por completo.
Algunas soluciones incluyen el desarrollo de bioplásticos, la mejora en los procesos de reciclaje y campañas para reducir el uso de plásticos de un solo uso. Sin embargo, se necesita un esfuerzo global coordinado para enfrentar esta amenaza.
La contaminación por microplásticos representa uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. Comprender su impacto y actuar a tiempo será esencial para proteger tanto al planeta como a nuestra propia salud.





