Nuestro cuerpo funciona según ritmos internos llamados “relojes biológicos”. El más conocido es el ritmo circadiano, que regula el sueño, la temperatura corporal, las hormonas y otras funciones según un ciclo de 24 horas. Pero no todos los cuerpos funcionan igual.
Hay personas que naturalmente son más activas de noche (los famosos “búhos”) y otras que rinden mejor a la mañana (los “alondras”). Esto no es una elección, sino una característica biológica influida por la genética y la edad.
Cuando forzamos nuestro cuerpo a funcionar fuera de su tiempo natural, aparecen problemas: insomnio, fatiga, irritabilidad o incluso mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Además, el desfase horario, como el que ocurre cuando viajamos o trabajamos en turnos rotativos, puede alterar este reloj y afectar la salud a largo plazo. Por eso, los expertos recomiendan respetar los horarios de sueño y mantener rutinas estables.
La luz natural es una de las claves para regular nuestro reloj biológico. Estar expuestos al sol durante el día y evitar pantallas antes de dormir ayuda a sincronizar nuestros ritmos.
Entender nuestro tiempo biológico es fundamental para mejorar la calidad de vida. Escuchar al cuerpo y adaptar nuestras rutinas puede ser el primer paso para estar más sanos y felices.





