La iniciativa de declarar de interés cultural una obra titulada «Beer and Sex Night», supuestamente con el objetivo de promover la “sexualidad plena”, resulta cuestionable tanto en su forma como en su fondo.

La propuesta parece reducir la complejidad de la educación sexual y la promoción de vínculos saludables a una fórmula superficial que mezcla alcohol y sexo como elementos centrales de una actividad cultural. Este enfoque trivializa debates serios sobre salud pública, consentimiento y relaciones afectivas, temas que requieren una mirada pedagógica, científica y sensible, no un tratamiento frívolo o marketinero.

Además, desde el punto de vista institucional, este tipo de declaraciones culturales debería reservarse para expresiones artísticas que generen verdadero aporte crítico, educativo o innovador al acervo cultural de una comunidad. Priorizar espectáculos de carácter provocativo y comercial, que apelan más a la provocación que al contenido, puede minar la credibilidad de las herramientas legislativas y banalizar la noción de lo “cultural” como vehículo de transformación y reflexión. El riesgo es transformar una política pública en una estrategia de visibilidad política sin sustancia real.