Hay días (o semanas) en los que la motivación desaparece. Es normal. Pero aunque no se sienta, siempre hay algo que podés hacer para activarte, aunque sea un poquito.
Probá estas estrategias:
- Empezá con una tarea muy pequeña, sin presión.
- Cambiá de entorno: mové muebles, salí a caminar.
- Escuchá música que te levante el ánimo.
- Hablá con alguien que te inspire.
- Recordá por qué empezaste algo.
- Permitite descansar sin culpa si lo necesitás.
La motivación no siempre llega sola: muchas veces aparece después de la acción, no antes. Por eso, dar un primer paso mínimo puede reactivar tu energía.
También es importante detectar si es solo un bajón pasajero o un síntoma más profundo, como el estrés crónico o la ansiedad. En ese caso, buscá acompañamiento profesional.
Evitá juzgarte. No siempre vas a estar al 100%. Ser humano también es eso: tener días grises y aprender a moverse igual.
Pequeñas acciones sostenidas valen más que grandes planes que no arrancan. Hacé lo que puedas hoy.





