El trastorno del olfato tiene múltiples causas y ha empeorado desde la pandemia, aunque a menudo se subestima y no se diagnostica adecuadamente. El olfato no solo nos permite disfrutar de aromas agradables, sino que también actúa como un sistema de alerta ante peligros como fugas de gas o incendios.

La pérdida del olfato afecta significativamente la calidad de vida, ya que este sentido representa el 80% del sabor, lo que puede llevar a problemas alimenticios y emocionales. Además, puede generar aislamiento social y depresión. El Día Mundial de la Anosmia, celebrado el 27 de febrero, busca concientizar sobre el impacto de esta condición, que no solo afecta la percepción de los aromas, sino que también puede alterar la memoria y las emociones, ya que está vinculada al sistema límbico.

Antes de la pandemia, alrededor del 5% de la población mundial sufría de anosmia, y entre el 15% y el 20% tenía alteraciones del olfato. Estas cifras habrían aumentado debido al COVID-19, ya que la anosmia fue un síntoma común. La poliposis nasal, que provoca pólipos en la nariz o senos paranasales, es una de las principales causas de pérdida de olfato, y puede causar síntomas debilitantes como congestión, dolor facial y dificultad para dormir, según especialistas.

La poliposis nasal es una condición común pero a menudo subdiagnosticada, ya que muchos pacientes se acostumbran a sus síntomas y a la mala calidad de vida que provocan, sin buscar atención médica. Además, los pólipos nasales pueden no ser detectados sin estudios específicos, según la Dra. De Barayazarra, especialista en Alergia e Inmunología.